Uncategorized

Soy lo que dices que soy. 11- 12

Hoy, sin más, quiero agradecer a Elohim, mi gran Dios. Quiero darte gracias por este don. Creo que no te había agradecido de forma directa y honesta por este llamado tan específico.
Creo que no te había dado gracias sin recriminar, sin pedir, sin pelear, sin algo oculto en mi corazón.

Hoy quiero agradecerte por la manera en que fuiste sembrando esto en mí; más bien, por cómo me invitaste a descubrirlo dentro de mí.

Desde niña me cautivaste con historias y letras. Todo lo que sonara a arte, todo lo que oliera a palabras me atraía: era como un ratón detrás de una flauta que soltaba palabras capaces de mostrar lugares mágicos, verdades duras e información clara.
Me llevaste a escribir y casi al mismo tiempo a leer, guardando en mí siempre la dulce intriga de: “¿qué se sentirá escribir así?”. Sin sospechar que un día lo haría.

Desde la cartilla Coquito, libro de iniciación para varias generaciones, hasta autores como Gabriel García Márquez, Edgar Allan Poe, Ernesto Sábato y muchos otros, fueron herramientas para conquistar mi alma y entregarme un paquete de talentos.

Te doy gracias por la calma y la paciencia con la que me acompañas en cada paso. Sé, mi amado Abba, que no he sido fácil. Mi falta de fe y mi identidad rota fueron lugares oscuros de donde no fue sencillo sacarme, y aún más cuando yo misma volvía a hundirme en lo profundo.

Gracias por el despertar, porque por años no hubo luz ni claridad. Porque aunque quería escapar, siempre me dejabas huir, esperándome en el lugar de partida, al que volvía derrotada, y allí me recibías con tu serenidad y disposición a reiniciar.

Mi amado Dios, soy consciente de que creerte no es fácil, aun cuando parece locura. Comprendo lo que sintieron Moisés, Abraham, Josué, Ester, María… en fin, la lista es larga. Desde Adán hasta hoy, seguirte y obedecerte es un acto de auténtica locura. Pero doy gracias por seguir esta locura hasta el fin.

Eres incomparablemente irresistible cuando te determinas, y yo, como Jeremías:

He sido seducida, convencida y rodeada por cada palabra tuya. Usaste todo para traerme al lugar donde las palabras son vida, y ahí me has venido aclarando la visión, limpiando cada escama de mis ojos, mostrando poco a poco tu voluntad a medida que sanabas mi alma.

Gracias por no darte por vencido. Gracias por este don que amo con fuego ardiente. Gracias por sacarme de mis oscuridades y llevarme con tu voz a la luz. Gracias por tomarme de la mano y levantarme del lodo, cambiándome y dejándome desnuda de todo, para revestirme solo de ti y de tu identidad.

Soy creativa porque vengo de un Dios creador, y soy escritora porque vengo del Verbo, de la Palabra viva.


Soy lo que dices que soy: soy escritora.


¡Eres escritora!

4 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *