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No es solo una libreta. 9 de 12

Hoy tú, mi cuaderno, mi guardián de historias, pensamientos y secretos. Mi amigo para descargar el alma y el corazón.

Tú, a quien por ratos ignoro mientras me grita desde las esquinas. Tú, mi querida libreta. La que escojo con cuidado y dedicación, porque debo sentir que me habla desde el anaquel. Tus hojas, el tamaño, la pasta, las líneas, tu olor; todo debe gritar que eres mía.

Mi linda libreta de líneas suaves que sostiene mis palabras. A veces secretas, a veces para mostrar. A veces para ser.

Tú, que me acaricias de manera regocijante los recovecos de mi esencia, recogiendo entre tus hojas mis lágrimas y mis miedos.

Mi libreta, que no es la única en mi mesa ni en mi vida. Esta libreta que está acompañada de varias, a la espera de ser guardianas de mis pensamientos. Esperan con paciencia su turno para ser tomadas y traspasadas por tinta que mantiene viva mi vida.

Hoy que no sabía qué escribir, solo escribí en ti. Y escribí en este hermoso descubrimiento: este lugar de papel que Dios me da. Esta análoga forma de apaciguar las revoluciones y calmar la vida.

Una libreta y su hermano de sangre negra o de color, dependiendo de todo y de nada a la vez son mi regalo de Dios, su forma de decirme que Él es real.

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