NO PODRÍA HACERLO HOY
Aunque no pensaba este tema tan pronto. Quizás si sea necesario tan pronto.
Una vez estaba viendo una película: El club de las madres rebeldes. El título me fascinó. Y al ver el inicio, no podía sentirme más cansada y me dije: Yo no podría comenzar a ser mamá en este tiempo. (No la vean, tiene cosas muy innecesarias).
Y cuidado, esto no es una bandera para que te alejes de la maternidad. Solo pienso que yo no podría con tanto adicional a la maternidad que hay ahora.
Ya de por sí, la maternidad viene cargada por sí sola con un montón de labores no escritas en ningún manual: pasar de la leche materna a la comidita, de lo salado a lo dulce, a lo sólido. Mantener a raya a los familiares locos que quieren darle cuanta cosa se les ocurre.
Estar atentos a cuando inician a gatear, a caminar. Estar presentes para su primera risa, su primera palabra, su primer paso. Y sí, también para su primera caída, en esa por lo general estamos presentes. Enseñarles a dejar el pañal y limpiar cuando olvidaron que ya no lo tenían. Mantener todo limpio y levantado, porque termina roto o en su boquita, que se hace gigante ante un elemento nuevo.
Tardas horas en limpiar todo con el fin de mantenerlo a salvo y, tan pronto toca el piso… se mete a la boca cuanta cosa encuentra, desde tierra hasta bichos. Dan besos a los espejos y vidrios, y en fin, la lista es infinita.
Al crecer, crecen sus exigencias: jardín y tareas que parecen más para uno que para ellos. ¿Para qué rayos los profesores necesitan la letra “U” con lentejas? Lo sé, lo entiendo… Solo que no tiene sentido cuando llegas a las 8 de la noche y debes alistar uniformes del día siguiente, preparar la lonchera, dejar almuerzo y desayuno listos, organizar un poco y darles una ducha para ir a dormir después de un cuento que los despierta a ellos y te arrulla a ti. Pero no puedes dormir, porque el arroz se quema y debes revisar que las lentejas hayan quedado bien pegadas y las bolitas de papel bien hechas…
Ahora, esto con otras arandelas era hace 25 años. Hoy miro a los padres agotados de las actividades extracurriculares de sus hijos. Crianza con métodos que sobreestimulan a los niños y cansan a los padres. Y la sociedad te mira con recelo si no tienes a tu hijo en más de dos actividades, si no lo estás criando con uno o varios de estos métodos, si no lo sobreestimulas desde el vientre, si no lo educas con crianza respetuosa, si no toca piano, batería, canta, pinta al método barroco y practica fútbol, natación y montañismo de altura.
O sea, tu hijo tiene que estar listo para el Everest antes de que termine la primaria.
¡Wow! ¡Alto un momento! ¡Quietas en primera!
¿A qué horas estos niños de hoy van a ser niños? ¿Y a qué horas ustedes van a ser sus padres?
¿En qué momento van al parque sin reloj, ni vigilancia del método que usan para bajar el rodadero o pasar el pasamanos? ¿A qué horas aprenden a jugar escondidas en casa con todas las luces apagadas? ¿En qué momento hacen un fuerte en la sala o en la cama? ¿En qué momento se caen y se equivocan y aplaudimos también eso, enseñándoles que se vale caer y que la frustración no se siente linda, pero te hace más resolutivo?

Ahora, si no sobreestimulas a tu bebé, parece que no lo estás haciendo bien. Un sobreestímulo es justo eso: una saturación del estímulo. No solo en los niños, también en los padres que tienen que llevar el ritmo.
No entiendo la #sobreestimulación. ¿No es suficiente con estimularlos? ¿No todo en exceso es malo?
Ahora a esto súmale el hecho de ser madre o padre soltero, lo que incrementa el ritmo cardiaco en cada “actividad adicional”, ya que te toca a ti solo correr de un lado para otro con cada tarea.
Hoy se avalan todas las emociones, lo cual está bien. Pero no se enseña qué hacer con ellas. Solo se les dice: Está bien que tengas rabia, siéntela y deja que se te pase. Pero enseñar emociones debe ir más allá: Tienes rabia, ok, está bien. Siéntela. Pero no por eso vas a destruir la casa. O no por eso te voy a dejar tratar a todo el mundo como quieras.
Una cosa es sentir rabia y reconocerla. Otra es llevarlos a que esa emoción, que es importante, se vuelva más importante que los demás y su entorno. Enseñarles empatía y respeto también es una tarea fundamental.
Quisiera ver menos padres agotados por llevar un ritmo que a futuro va a ser innecesario. Deja a tus hijos ser niños, estímulalos lo necesario para descubrir en qué son buenos o qué les gusta, y parte de ahí para que sean excelentes en sus dones.
No te sobrecargues sobreestimulándolos. Déjalos rayar paredes, chupar la puerta de la nevera, tocar y meterse una que otra cosa más grande que su mano a la boca. Déjalos andar descalzos y que se ensucien porque quieren, no porque es un sobreestímulo.
Si odia el dibujo y ama las matemáticas, ponle un profe de matemáticas. No al contrario.
Descansa un poco de ser un “súper padre” buscando recursos extras cuando tu hijo solo necesita unos brazos y una charla divertida o profunda.
Sé un papá y una mamá sobrecargados de amor, no de sobreestímulos.
No se trata de que los hijos hagan lo mínimo, se trata de que hagan lo que amen hacer sin que eso te robe a tus hijos, y de paso ellos pierdan a sus padres. Que toquen un instrumento y hagan un deporte. Pero no cinco instrumentos y siete deportes. Y, que no te importen las “super mamas” que cuentan con treinta y seis horas al día de las cuales usan veinte para juzgar a las demás.
PD. Antes de que te ataques: no estoy en contra de los métodos que han surgido con auge ahora. Me parecen interesantes y muchos descubrimos que los usábamos sin saberlo. Estoy de acuerdo con la crianza respetuosa y muchas veces la practiqué sin saber que era eso. Ahora la usamos con mis sobrinos pequeños, pero con la medida adecuada.


