Uncategorized

Mejores Son Dos Que Uno. 3 de 12

Desde que publiqué la entrada de ayer, no he dejado de pensar: ¿y qué voy a escribir mañana? Me descubrí un poco nerviosa, temiendo no saber qué escribir o que lo que escribiera no resultara tan bello e importante como en los días anteriores.
Me invadió el miedo de no lograrlo, o de terminar postergándolo como tantas veces.

Pero Dios, que es un Dios desbordante, me sorprendió.
Un par de amigas se sintieron motivadas por la idea de escribir durante 12 días. Decidimos rendirnos cuentas mutuamente y animarnos en lo que haremos durante este tiempo.

Y allí surgió como un baño fresco: la certeza de que pocas cosas conseguimos solos. Pensaba que gran parte de lo que he logrado avanzar ha sido cuando he estado acompañada. Cuando me he visto rodeada de mis amigos —mujeres y algunos hombres— que han estado allí, sosteniéndome y acompañándome cuando lo he necesitado… y aun cuando no. Allí estaban.

Personas que, incluso en la soledad del silencio, han sabido caminar a mi lado sin palabras. Eso me ha hecho más fuerte, más resiliente y cercana al corazón de Jesús.

Esto me ha hecho pensar en ese versículo de Eclesiastés 4, que dice: son mejor dos que uno…

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. 11 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? 12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

Sé que este pasaje suele aplicarse a las relaciones amorosas, pero creo que tiene una profundidad mayor: también puede trasladarse a nuestras amistades y vínculos familiares más cercanos. Como dice el mismo versículo: ¡Ay del solo!

Por eso este apartado está dedicado a esas personas que permanecen a nuestro lado como un buen matrimonio: en las buenas y en las malas.
Ellos son nuestras porristas y nuestros mejores coaches. Los incansables Hur y Aarón de nuestras vidas.

Gracias por disipar el miedo con sus palabras de amor y sus miradas de confrontación. Gracias por esos mensajes que animan aun cuando optamos por el silencio. Gracias por saber estar, con el sí y con el no. Gracias por leer entre líneas nuestras necesidades y respetar con amor nuestras decisiones.

Gracias a todos y cada uno que han sido parte de los 300, parte de los 12, parte de los 3. Y, parte de los 2.


Gracias. Gracias. Gracias.

2 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *