Un pensamiento

¡Se buscan amigos! 4 de 12

Con la entrada de ayer quedé pensando en algo.
Mi mente se detuvo en aquel que está solo, bien sea por decisión propia o ajena.

Si es por decisión ajena, lo cual significa que los demás no te soportan, o no soportan algo de ti y poco a poco te han ido sacando de sus vidas… hablaremos luego.

Por ahora quiero dedicarme a los aislados sociales. Tener mucha vida social no significa tener muchos amigos. Pero es otra cosa que, por decisión, hayas decidido no tener ninguna amistad relevante; que tu corazón sea un búnker donde solo entra la sangre que se bombea, pero amigos ninguno. Para ti es esta entrada.

Quisiera decirte que haces bien, que hay sabiduría y calma en esas soledades, en esos círculos cerrados y herméticos.

Sin embargo, debo decirte que no hay lugar más triste y solitario que la decisión del aislamiento. No te digo que te rodees de mil amigos, no. Pero sí que tengas un par: recuerda un Hur y un Aarón, personas alineadas a tu alma, a tu pensar, a tu fe. No que piensen como tú y te digan “sí” a todo.

Ten personas con la autoridad suficiente para confrontarte y con la cercanía máxima para abrazarte y llorar. No busques aduladores incapaces de ser honestos contigo. Busca amistad pura y, al mismo tiempo, exigente. Amigos con los que puedas ser tú mismo sin reparo; amigos donde puedas descansar y, a la vez, que te digan la verdad en la cara sin miramientos.

Sal de tu elección egoísta de no compartir tu vida con nadie. Porque sí, es egoísta y orgulloso creer que no necesitas de nadie, creer que eres el llanero solitario de tu vida y que es mejor estar solo.

Piensa en esto: si Jesús, siendo Dios, necesitó a doce de su lado y, de esos doce, a tres más cercanos, ¿eres tú mejor que Jesús para no requerir de nadie?

Entre Génesis y Apocalipsis no hay un solo versículo donde Abba nos amoneste al aislamiento total. Nos llama a la intimidad con Él, pero en esa intimidad siempre nos ha mostrado lo relacional que es. La Biblia está llena de esos ejemplos. Intimidad con Él no es igual a soledad.

Con esto en mente, y con este nuevo año listo para ser recorrido, mi invitación es que te tomes el tiempo de revisar varios puntos:

  1. ¿Por qué no quieres intimar con un amigo? ¿Qué herida se debe sanar allí?
  2. ¿Por qué sientes que te es más fácil tener relaciones superficiales, de poca intimidad?
  3. Si no eres mejor que Jesús, ¿cuál es tu plan de acción para iniciar una amistad con propósito?

Mi plan no era dejarte con tarea, pero quizás el de tu Padre sí.

Por otro lado, sí pensaba dejarte con un consejo: inicia orando por la persona que va a ser tu amigo. Elige uno o dos y avanza conforme el Espíritu Santo te diga. Si esa relación no dio el fruto que esperabas, tranquilo: suelta, perdona y confía. Quizás la siguiente sea. No te frustres. Bueno, sí, frústrate, pero no te detengas.

Y, por último, conviértete en el amigo que quieres tener. No exijas lo que no puedes dar. Y no seas el amigo que solo se ocupa de sí mismo, pero ese tema será para la siguiente.

¡Vamos, amigo!

El amigo siempre es amigo, y en los tiempos difíciles es más que un hermano.

Proverbios 17:17 – TLA

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