¿Maternidad? INICIEMOS
Tengo un par de años de experiencia como mamá, no tanto como quisiera, pero sí lo suficiente para comenzar a hablar de ella con honestidad. Ya alejada de la fantasía y la magia que esta tiene. En realidad, es un desierto con islas de agua cada ciertos kilómetros.
O, un parque de diversiones, donde los juegos incrementan su adrenalina con cada cumpleaños y solo una vez cada tanto te puedes subir a la rueda de Chicago a contemplar el paisaje de la vida de tus hijos. Esto no con el fin de sonar trágica, pero si conservar el volumen alto que tiene la crianza.
Tengo dos hijos: un niño, ya un hombre de veintidós años, y una niña, ya una mujer de veintiuno años. (Actualización: veinticinco y veinticuatro años, nótese la cantidad de años que me tomo decidir sacar esto a la luz).
Este par de seres humanos me han enseñado más de lo que yo les he podido impartir. Su negativa a obedecer siempre y sus recurrentes preguntas han hecho de mí una mujer amante de la investigación. Seguramente, si no fuera por ellos, yo no sería tan enganchada a saber y comprender de todo un poco y percibir de la vida desde otros ojos.
Porque desde muy pequeños me convencí de que era yo la que debía contestar sus preguntas. Si yo no podía responderlas, ellos no durarían mucho tiempo con la duda y saldrían a buscar respuestas.
Hoy, atravesando esta nueva etapa de la adultez universitaria, llena de sueños por cumplir y frustraciones por trabajar, los veo diferente. Con más amor y con el instinto de “ahorcarlos” menos frecuente.

Hablar del “robo a mano alzada” que es tener un bebé en casa —el cual duerme mucho y a la vez no duerme nada— es justo eso: un robo a mano alzada. Es una interrupción constante a tu instinto del sueño profundo, el cual no vuelves a ver en años. Pero de esto creo que ya se ha hablado mucho. Aunque sigo pensando que ninguna advertencia te prepararía para tal asalto.
Con el tiempo su sueño se regula. El suyo… el tuyo nunca más será igual. Exagero, algo se recupera.
La sensación de cuidado y protección exagerada te absorbe continuamente. Así como un extraño monstruo que continuamente te dice: “No lo haces bien, podrías estarlo haciendo mejor”.
Es una voz incesante que te hace pensar: “Tu hijo se va a caer de la cama. Está dejando de respirar. Se va a atorar con la leche. Se va a ahogar con el agua de la tina, la cual no le da ni a los tobillos”. Es persistente, insistente y… cruel.
No puedo contar las veces que moví a mis hijos porque sentía que no respiraban, interrumpiendo su sueño, ese mismo que costó tanto conseguir. Despertando molestos. Obvio, ¿quién se va a despertar feliz después de que lo sacudes con fuerza? Su sollozo a grito herido aliviaba mi alma, pero su ira era proporcional a lo agudo de su llanto.
Y la voz: “Qué mala madre eres, cómo te atreves”, después de que ella misma me sugirió que mi bebé estaba muriendo. Una locura cíclica sin fin.
Los cuidados son considerables, aunque nunca suficientes. Escribo esto pensando en la vez que mi hijo se cayó de la cama con ocho meses. Camino a los nueve, seguro pensando en que eso no le volvería a pasar. Ja, ja, ja, ja.
Hoy él toma las caídas con cuidado y reflexión, intentando aprender algo de cada una.
Mi hija tardó un poco más de un año en caminar, lo que me hizo sentir culpable, comparando desde bebés a dos seres diferentes en todo. En todo. En todo.
Hoy nada la para, es incansable y decidida… gracias a Dios no caminó antes, porque si no, no la alcanzo.

Todo esto me llevó a pensar que mucho se habla de la belleza de la maternidad. Y no me malentiendan: es preciosa, pero dista mucho de ser perfecta. Mi intención con este compilado de escritos es alejar a las madres —y ojalá también a los padres— de la fantasía de la maternidad perfecta.
Abrir mi corazón con veinticinco años de experiencia y contando.
Que aun con Cristo, tiene sus momentos del Monte de las Bienaventuranzas, sus momentos de Getsemaní, algunos del mar de Galilea y otros de calvario…
Seguiremos…
Las fotos son reales pasadas por IA para resguardar lo mas preciado.



2 Comments
Mirleidys Centeno
Waoooo me encantó,quiero la segunda parte.
Marcela Valencia R
que lindo que te gustará, siii la otra semana tendremos esa segunda parte. Abrazos.